miércoles, 10 de julio de 2013

01. LA VIDA DE LAS MAREAS.

"Cuando tengas que dar un paso adelante
no lo hagas mirando hacia atrás.
Cuadra la mandíbula
y anda."


Nací en el 86, en un pequeño pueblo pesquero de Pontevedra. Como el mar con el que me crié fui llevado por la marea hasta vararme en Santiago de Compostela. Desde allí, con 18 años en el bolsillo, unas cuantas pérdidas y otras tantas experiencias, me colgué la mochila y me despedí de mi hogar. Coruña me abrió sus puertas el Otoño del 2004, me regaló la universidad, me presentó a dos personas que sin saberlo serían grandes, me brindó noches de fiesta y alcohol, semanas de superación en la biblioteca, el primer beso, la primera vez, el primer amor y la primera ruptura, el primer trabajo, pisos de alquiler compartidos, responsabilidades, tiempo para curarme del pasado, un nuevo orden para mis amigos y mucho más. Pasé cuatro años a sus orillas y en su término me regaló la sensación de pertenencia. Sentía ser de allí, orgulloso y melancólico gallego coruñés.

Cuando cursaba cuarto de Administración y Dirección de Empresas tuve claro que la vida que mi padre me había preparado era un traje hecho más a medida para mi padre que para mi fisionomía. Yo tenía sueños, fuertes sueños asentados en grandes ciudades. Hablé con el mar y le confié que si algo en la vida me hacía sentir único y especial era la posibilidad de emocionar, de alejar a la gente de sus vidas y acercarlas a otras pieles, de suministrar experiencias al alma y con ello incluso dar opciones de vida como me había ocurrido a mi. Quería hacer cine. Y al mar le pareció bien.

Siempre recordaré la expresión de mi padre al decirle que quería tener la oportunidad de probar ese mundo, aunque fuese un sólo año, sólo una vez. Para mi sorpresa no entró en cólera, en shock o conmoción. Su cara reflejó la resignación de algo que sabías que más tarde o más temprano iba a suceder. A cambio me pidió una sola cosa. Que fuese al mejor sitio y fuese el mejor.

La promesa a mi padre me alejaba del mar y de la vida que Coruña me había entregado. Esperaba que mis pies algún día me alejasen de allí pero no así, de golpe, teniendo todo lo que tenía allí. Esperaba que mi sueño empezase desde allí. Pero no había opción, había que irse y luchar por encontrar mi sueño. Romper mi círculo de confort era un pequeño precio que debía de pagar.

Y lo pagué.

00. EL SUEÑO

"Vive en un lugar pequeño,
pero vete antes de hacerte demasiado débil.
Vive en una ciudad grande,
pero vete antes de hacerte demasiado duro."


Siempre me gustaron las ciudades grandes. Desde que puedo recordar mi mente se trasladaba sin descanso a un futuro entre carteles luminosos y rascacielos, a un piso en una calle perdida entre mil calles más,  despertarme escuchando la vida; la melodía del tráfico, los transeúntes y del movimiento. Ansiaba obtener la experiencia de perderme entre océanos de personas desconocidas, ver las luces de la noche más cerca de mí que el fulgor de las estrellas, descubrir cada día lugares nuevos, tener siempre cosas desconocidas aún por estrenar y la posibilidad de relacionarte siempre con gente diferente. Tantas cosas...

Albergaba la creencia de que allí tendría la posibilidad de elegir todo aquello que a mi, creciendo entre pueblos, me había venido dado como única opción. Era para mi el mundo de las opciones. El lugar de la libertad. De elegir el trabajo que quisiese, el tipo de personas que prefiriese, el estilo de vida que me hiciese feliz y, sobre todo, ser quien quisiese ser. Ser libremente quien quieres sin tener que responder a lo que se espera que seas.

Sentía la urgencia de crecer, de estarme perdiendo grandes cosas, y que, aunque quizá todo fuese un espejismo, sentía que debía darme prisa y comprobarlo.

Y lo hice.